“Club del Títere Sudamericano” por Mónica Berman

Este viernes 2 de septiembre, a las 20 horas, se producirá en Buenos Aires un acontecimiento singular: la inauguración de El Club del Títere Sudamericano.

Parece que la casualidad o, mejor dicho, la causalidad fue la responsable de esta concreción.

Manuel Mansilla, titiritero, le propone a Gustavo Garabito una función de un titiritero español en El Trompo, teatro que maneja Gustavo junto con Natividad Martone. Garabito le retruca que el día de la semana que le ofrece no es de función y que como el teatro es bastante nuevo el público no está habituado a los viernes. Pero ahí aparece la idea: tal vez funcione mejor un ciclo.

Palabras van palabras vienen, recordando algo que se habían dicho alguna vez, eso de que solo no se puede, aparece la palabra “club”. Y la palabra remite a barrio, familia, amigos. Entonces empiezan a articular la propuesta que está a punto de salir a la luz.

Para Manuel los antecedentes de este club tienen que ver con sus recuerdos de infancia. Las madres que formaban la cooperadora de la Escuela 17 de Lanús, Buenos Aires, creían que la escuela podía ser algo más y se desvivían armando kermeses, ferias del libro y otras actividades. Todo eso lo marcó y quedó en él, como así también un encuentro de titiriteros en Cosquín, Córdoba, donde lo comunal y la familia iban de la mano. Y el año pasado, junto con Adriana Sobrero organizaron (tal vez como un antecedente de este club) un ciclo de títeres viajeros en el que invitaban a participar a titiriteros de distintas provincias.

La propuesta es ofrecer una obra para niños pero en horario nocturno para que los adultos puedan compartir con los chicos. Y se cita al público una hora antes de la función para que haya lugar para el intercambio. Los titiriteros suelen insistir en la idea del “nos tenemos que juntar”.

Una de los motivos de este club tiene que ver con el objetivo de seguir difundiendo este arte titiritero, provocar el encuentro, lo que sin dudas, hace crecer a toda la comunidad titiritera en tanto artistas. El club, además, construye mejores seres sociales. El encuentro excede el acto de ver teatro por eso surge ese compartir previo. El club era ¿o es? el lugar donde comparten cosas personas de distintas generaciones y en este caso los títeres son el puente. Si bien tiene una sede que es el teatro El Trompo (Colombres 1634, CABA) pero están conversando con otros compañeros para que reciban al grupo que forma parte del club.

La elección de los trabajos se apoya en lo que aparece con menos frecuencia en la programación de Buenos Aires. Son obras que ellos eligen por su calidad y las han visto o en vivo o en video.

En esta primera edición llega La Compañía Cachirulo de Jorge Rey, que es el director del Festival Galicrecques de Galicia, España. Viene con un espectáculo que se llama El ladrón de juguetes. Rey es un titiritero que ha investigado diferentes técnicas y estéticas.

En la segunda fecha, el 9 de septiembre, se presenta Esteban Herskovitz desde el Valle de Coquimbo, Chile, donde organiza un circuito veraniego. Es parte del colectivo Liebre tortuga y transita esa línea entre la oralidad y los muñecos, es un titiritero cuentacuentos.

Además están confirmados Pablo Solo Díaz de Las Flores, provincia de Buenos Aires, Rafael Teixido de Río Negro y un sueño casi confirmado es el espectáculo Los Beateres de El Chonchón, provincia de Córdoba.

Es muy importante decir respecto del funcionamiento del Club de Títere que será a la gorra conciente (esta cronista traduce: esto significa que el espectador decide cuánto paga su entrada al final de la función pero se confía en que se valora el trabajo del artista).

Gustavo Garabito sostiene que la frase no debería ser “terco como una mula” sino “terco como titiritero” porque no cuentan con el apoyo de ninguna institución ni pública ni privada pero salen al ruedo igual.

Manuel Mansilla cierra con una frase: ”Traemos espectáculos que nos hacen vibrar. Argentina es una Babel por donde pululan, a raíz de los festivales, grupos de todo el mundo. Somos la araña que aguarda pacientemente que caigan en nuestra telaraña de sueños y delirios”.