Nahuel Martínez Cantó por Fernanda Blanco

Privilegiar lo escénico.

Nahuel Martínez Cantó es Licenciado en Comunicación Social, actor y director. “El gato no vuelve a casa” es su segunda obra como autor y director, y ya va por su cuarto mes en cartel.

¿Cómo nace la idea de hacer “El gato no vuelve a casa”?

Yo venía de hacer “Pasados de Dios”, una obra que hicimos en el taller de montaje de Moscú Teatro Escuela. Esta obra tenía personajes muy efusivos, muy grandes, muy para afuera y estaba todo exacerbado, llevado como al límite. Y a mí me pasa que cuando vengo de hacer algo un tiempo, me dan ganas de experimentar otra cosa, algo distinto. Entonces quería trabajar con algo que vaya más a lo mínimo, a lo chiquito, a las pequeñas historias y eso tiene que ver con “El gato no vuelve a casa”. Por otra parte, estaba haciendo un taller con Lisandro Rodríguez de Elefante Teatro. Hay algo de los talleres de Lisandro, desde mi perspectiva, y es que él trabaja mucho desde la persona. De hecho siempre dice “no actúen” y yo descubrí trabajando en los laboratorios de él que hay un universo súper interesante que tiene que ver no con la creación de un personaje que sea externo a uno, sino buscar lo interesante que tiene cada uno para decir, y a partir de ahí empezar a trabajar, construyendo una ficción  modificando esa “verdad propia” de cada uno. Yo tenía ganas de trabajar eso. A su vez, David (actor de la obra), que había trabajado conmigo en “Pasados de Dios”, estaba haciendo uno de los cursos de Lisando. Entonces, además de que somos amigos, sentía que los dos estábamos en el mismo camino. Él siempre me había dicho que quería laburar conmigo y yo ya venía con ganas de dirigir así que le dije “bueno, si tenés ganas lo hacemos” y así fue como nos empezamos a juntar. Lo que le dije a David tanto como a Juli (actriz de la obra) es que yo tenía una idea para trabajar, una historia que tenía más o menos en la cabeza. Les dije que no sabía la fecha de estreno, que no tenía teatro, y que todo esto era adrede. Yo no quería poner fecha de estreno para poder trabajar todo lo que el material requiriera trabajar. Lo que sí tenía claro era el modo de trabajar que quería, que era a partir de lo que ellos me pudieran dar. Les dije que no quería que esté solo mi voz en este trabajo, sino también la de ellos dos. Quería que esta vez funcione fundamentalmente lo escénico, es decir, que lo que los personajes digan sea creíble, que los vínculos que ellos tengan sean genuinos, que lo que suceda esté pasando. Hay algo de privilegiar lo escénico por sobre la historia, eso para mí era lo fundamental. Era lo que yo quería trabajar.

Hay algo interesante en el uso del espacio, ¿cómo se dio esta búsqueda?

Tiene que ver con lo que veníamos charlando recién. Así como yo privilegiaba lo escénico, lo que sucediera en escena, también había una relación con el espacio que estaba muy presente. Y con el espacio donde nosotros ensayábamos que era mi casa, un PH que tiene una disposición muy similar a la que tiene el teatro. Entonces, se volvió muy importante el espacio porque lo que sucedía en escena sucedía en relación también a ese espacio. En relación a ellos, entre sí, con lo que ellos mismos traían y también con el espacio. Y la obra, al construirse en la medida que fue ensayada – porque yo fui escribiendo a medida que íbamos ensayando – permitió que las cosas que sucedían en ese espacio se fueran incorporando al material. Me parece que fue muy productivo, me parece que tratar de ocupar el espacio y aprovechar el espacio es una de las cosas más lindas que se pueden hacer en el teatro. Yo creo que el teatro tiene importancia respecto a un presente, pero para no dejar eso en una frase hecha, ese presente tiene que ver también con lo que ocurre efectivamente en el presente, con lo que trae esa persona, a esa edad que tiene, en el momento en que se encuentra, en la situación familiar, de pareja, con los hijos, con las amistades, con lo que sea que trae, con los conflictos que tiene. Y también con el espacio que te rodea. Por eso, para mí hubiese sido como una trampa salir de eso, haciendo de cuenta que el espacio es otra cosa, porque hay algo de ese presente que lo estás quebrando, lo estás rompiendo, y hubiese ido en contra de mi apuesta, por decirlo de alguna manera.

Y encontraron el espacio ideal…

Y encontramos el espacio ideal. Estuvimos buscando teatros, encontramos Polonia y nos permitieron hacer una disposición diferente a lo que hacen generalmente las otras obras, nos venía de diez. Y por otro lado, yo venía trabajando en estos cursos con Lisandro Rodríguez algo del afuera, algo de trabajar en una contra escena por fuera, y me parecía súper interesante, y lo empezamos a probar y varios me dijeron que se armaba algo como cinematográfico, como algo del fuera de escena, de lo que sucede en otro lado. Hay algo del espacio y el tiempo con lo que juega bastante la obra. También hay algunos cambios de tiempo y yo quería que todos esos cambios tuvieran fluidez entre sí, que no haya apagones en la obra y las transiciones en cada momento sean suaves. Lo fundamental del trabajo fue que no quedara nada que fuera forzado. Se trabajó mucho sobre la prueba y el error. Más allá de que yo fui el que se sentó a escribir la obra, hay mucha colaboración de Juli y de David, de incorporar sus propias historias, ellos colaboraron en la dramaturgia. Hay cosas basadas en hechos reales pero siempre modificadas, partiendo de la verdad pero romperla, no quedarnos solo con la anécdota y buscar lo más rico de cada cosa y profundizarlo. Muchos de los relatos son cosas que sucedieron pero modificadas, cosas que me pasaron a mí, a Juli, a David, o a amigos nuestros. Estas historias tienen que ver conmigo, en el sentido de las cosas que a mí me conmueven. Luego, en el camino comenzamos a ver ese tinte nostálgico que tiene la obra y fuimos viendo cómo ir capturando esas historias que iban apareciendo.

La obra tiene un final abierto… ¿por qué se dio así?

La historia es que ellos dos se vuelven a encontrar después de un tiempo, habiéndose conocido en una fiesta hace muchos años. Y yo sentía que en algún punto ellos no podían terminar juntos, eso estaba claro desde el principio. Todo este deje melancólico, nostálgico, no hubiese tenido tanta fuerza con un final más feliz, juntos. Para mí tiene un final claro la obra, ellos terminan separados. Pero igual todas las obras son fragmentos de vida en algún punto, son fragmentos espacio-temporales, uno decide dónde está el corte, qué muestra. Me parece que el final está pero sí da para pensar que podría continuar en una segunda parte.

Y puede continuar en el imaginario del espectador…

Sí, puede ser. Imaginarse qué es lo que pasó ente ellos, cómo va a continuar. De hecho mucha gente al salir de la función me pregunta si ella después vuelve. Y yo no lo sé la verdad, quizás no, quizás sí.

  

Vos además de formarte en teatro, también estudiaste Comunicación… ¿de qué forma podrías asociar la comunicación con el teatro en tu vida?

Hay algo de la comunicación que tiene que ver con la dimensión significante de los hechos, sociales, culturales, de lo que nosotros compartimos. La sociedad, la comunidad, tiene que ver con nosotros interactuando. Y la comunicación al ser una disciplina que estudia esos vínculos, está muy vinculada con el teatro porque si hay algo que hay en el teatro son vínculos y comunicación de todo tipo, desde gestual, proxémico, de la lengua, todo comunica. La producción del sentido en el teatro es enorme.

Y desde lo artístico, a la hora de decir hacer una obra, ¿pensás en el público?

Sí. En primer lugar, yo hago obras que a mí me gustaría ver.

Sos un potencial espectador de tus obras…

Sí. A mí lo que me lleva a hacer obras es tratar de reproducir lo que a mí me conmueve. Cuando voy a ver una obra y me río, lloro, o me voy pensando, o me hace resignificar cosas de mi vida, se genera algo desde los sentimientos, el disfrute, ese tipo de emoción. Y esa admiración me lleva a decir que es lo que a mí me interesa y me gustaría reproducir, poder conmover a una persona. Y en algún punto, esto tiene que ver con lo que hablábamos antes de la comunicación.  A mí me interesa conectar. Me parece que hay una dimensión de los sentimientos, de lo emocional, que comunica mucho más allá de lo racional y genera lazos muy fuertes, genera puentes entre las personas y poder conectar con alguien con quien no viste en toda tu vida pero que venga después de la función y te diga “me emocioné”, a mí me conmueve. Siento que esa persona que vincula con la misma dimensión de sentimientos que tengo yo.

Y desde el punto de vista de la producción, ¿pensás en el público?

No pretendo comulgar con todas las personas del mundo. Es como decía Woody Allen, “no conozco la clave del éxito pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo”. Yo no puedo complacer a todos, intuyo que hay gente que va a venir a ver la obra y no le va a gustar. Pero sí exijo que todas mis obras tengan trabajo, mucho profesionalismo. Es decir, yo valoro mucho cuando voy a ver una obra de teatro y se ve el trabajo del equipo. Eso a mí me conmueve y me genera mucho respeto. Entonces, si yo veo el trabajo y el intento de que a mí me genere algo la obra, eso ya tiene un terreno ganado para conmigo. Me parece que hasta es cierto compromiso ético o moral. Porque vos hacés venir a ver a alguien, que gasta su tiempo, su dinero, y corresponde darle cierto buen trato que se corresponde con el compromiso de lo que uno está mostrando.

¿Pensaste en alguna estrategia de comunicación para convocar público a la obra?

A nosotros nos encanta hacer la obra. A mí me apasiona, lo hago porque me conmueve, porque me convoca, porque saca lo mejor de mí, porque me hace pensar, porque me hace relacionarme con gente que amo, que son los actores, la gente que trabaja conmigo que quiero mucho. Y el teatro también es en algún punto juego, nos relacionamos de una forma muy lúdica. El teatro es disfrute, es conmoverse, es compartir, es conocer a la persona, es compañerismo. Todo eso a mí me convoca a que se pueda tratar de extender lo más que se pueda, porque disfruto viendo la obra, porque hay algo del placer vinculado. A partir de eso, sí, quiero que la obra dure todo lo posible. Y uno trata todas las maneras de alargarlo.

¿Trabajan con prensa?

Puse prensa en la obra anterior que hice, en “Malabares chinos” y en algún punto servía para convocar críticos independientes, pero la verdad que eso no se traducía en mayor convocatoria de público. Sí sé que algunos medios más masivos pueden llegar a llenar alguna sala con una buena crítica. Pero hay algo de la materialidad del trabajo también, es costoso pagar prensa. Por lo general la plata con la que uno cuenta para hacer las obras es acotada, pocas veces vuelve o dependés mucho de los subsidios, porque con la plata de las entradas no se puede costear mucho.

Y en este caso decidieron no tener prensa pero sí trabajar con redes sociales…

Digamos que la prensa la tratamos de hacer nosotros, en la medida de lo posible. Yo no soy prensa, ni trabajo de eso, pero estudié comunicación y lo hacemos, como mejor podemos, y con trabajo y compromiso. Pero sí nos preocupamos por el público. Yo siempre tengo una reflexión sobre quién nos viene a ver, por qué nos viene a ver y quién sería nuestro público objetivo. Desde todo punto de vista. Desde el tipo de historia que estamos contando, desde los actores que tengo, desde mí mismo, desde el teatro en el que estoy, desde el día en el que estoy, desde el horario en el que estoy. Es decir, por mi experiencia, sin hablar de estudios cuantitativos sobre el público que va al teatro, es difícil llevar gente que es más grande de edad un viernes a las 23 hs. a ver una obra de teatro. Hay obras que están varios días de la semana y funcionan con un público más grande un domingo a las seis de la tarde, más que un sábado a las diez de la noche. Entonces yo ya sé que es difícil para mí acceder a ese público que es más grande de edad, por ejemplo. En segundo lugar, creo que la gente que viene a ver las obras fundamentalmente cuando no tenés un prestigio tan ganado o tan reconocido en el medio – las reglas del campo de Bourdieu – son tus amigos, familiares, los amigos de los amigos y el boca en boca que pueda surgir de eso. Los teatros independientes traen muy poca gente por sí mismos, entonces la convocatoria es nuestra. Si queremos que la obra esté la mayor cantidad de tiempo posible, tenemos que invitar nosotros a nuestros conocidos, por lo menos para tener una base de público que venga a vernos. El objetivo no es hacer una obra para que venga a verme mi familia porque la verdad que ya estamos todos bastante grandes para decir el “mamá mirame”. Nuestro objetivo es poder lograr que la obra siga creciendo, no por algo comercial ni del dinero, sino por el tema de que a nosotros nos apasiona, nos conmueve.  A mí me convoca no solo lúdicamente sino espiritualmente y moralmente. Me parece que la cultura es importante. Lleva a una dimensión interna y emocional que nos permite comunicarnos y llevarnos hacia el amor que para mí es lo más importante. Poder convivir en felicidad, en amor, en compartir, en solidaridad.  Es importante. Creo que en la medida de lo posible, está bueno tratar de llevar los productos artísticos a ciertos objetivos más profundos y fundamentales como seres humanos, en mi opinión. Y volviendo a lo del público: sabiendo que van a ir nuestros amigos, nuestros conocidos, la gente con la que tenemos contacto de primera mano, yo entiendo que el público que va a venir a ver la obra es gente de nuestra edad, con ciertas licencias, pero generalmente es lo que sucede. El público que yo veo en la sala, por la temática de la obra, por quiénes somos los que la hacemos, porque tiene que ver con nosotros, es gente de nuestra edad. A partir de eso, tratamos de hacer la comunicación en ese sentido, una comunicación con un target objetivo de esa edad. Siempre ampliando a todos los que quieran venir a ver la obra. La comunicación me parece que va por ese lado, y trabajamos con redes sociales convocando a críticos para que vengan a vernos, fomentando el boca en boca de la gente, pidiéndoles que nos recomienden, y con publicidad a través de facebook e instagram.

¿Cómo sigue “El gato no vuelve a casa”?

Ahora estamos empezando nuestro quinto mes de funciones y la verdad que estoy muy contento, habíamos empezado con un contrato de dos meses y nueve funciones. Y este viernes hacemos nuestra función número veinte. Para mí es una felicidad absoluta, una emoción, un orgullo, es mucho. Estoy muy agradecido, de toda la gente que nos viene a ver, que nos dice cosas cálidas después de la función. Ya nos dio muchísimo la obra y la vamos a hacer todo lo que podamos. Hay cosas del boca en boca que empiezan a funcionar y de repente notamos que viene gente que no conocemos. Pero también sabemos que somos un grupo chico, teniendo en cuenta esto del teatro independiente que muchas veces la gente que te viene a ver es la que te conoce, ya logramos un montón. Y nuestra intención es seguir con la obra todo lo que podamos.

El gato no vuelve a casa
Viernes 23 hs.
Espacio Polonia (Fitz Roy 1477, CABA).